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sábado, 26 de octubre de 2024

LA PIEDRA LUMINOSA - BukarteZ


Eran tres amigas que siempre estaban leyendo libros en la biblioteca del colegio, un día Valentina, encontró un manuscrito muy antiguo, que contaba la existencia de un lejano y misterioso lugar, donde había una piedra que quien la poseyera, obtendría la iluminación , y por ende la felicidad y la sabiduría.

Valentina, una intrépida chiquilla que quería ser exploradora, con pelo rizado y ojos chispeantes, siempre lista para nuevas aventuras; le vino como anillo al dedo encontrar aquellos papelajos, junto a Sofía, una astuta joven que le encantaban las adivinanza resolver juegos imposibles, además y tenía el don de comunicarse con los animales, siempre iba con su inseparable loro Dodó, y junto a ellas siempre cerca estaba Helena. una joven impetuosa y curiosa, y con un sentido especial para la lógica y las deducciones, con trenzas doradas, que siempre llevaba algún un libro en la mano, las tres juntas eran invencibles.

Las niñas fueron a buscar al señor Tomás, un sabio anciano del pueblo, con barba blanca como la nieve y lentes que le daban un aire curioso; que conocía muchas leyendas y cuentos antiguos, que podían ser verdad o no, y le llevaron lo que habían encontrado, para que las aconsejase.

Efectivamente, el aciano les contó que, existía una vieja leyenda, que decía que en algún lugar existía la Piedra de la Sabiduría, una piedra mágica conocida como "la Luminosa" era una esmeralda gigante, casi del tamaño de una gran manzana, que brillaba como un diamante, y quien la encontrara sería poseedor de la sabiduría y por ende, de la felicidad, en teoría esa piedra mágica llenaba los corazones de alegría, a quien la poseyera, sería dichoso, pues además de conceder deseos.

El señor Tomás, les dio, una especie de mapa medio roto, que unido a lo que habían encontrado era donde venían las coordenadas del lugar, donde podría estar la piedra, pero mucha gente había ido, y nadie la pudo encontrar, por lo que decidieron abandonar la búsqueda por ser un cuento fantástico.

Con tal de pasarlo bien, las niñas decidieron, que sus vacaciones de verano las usarían para en poner en marcha su plan para ir en busca de la piedra tan deseada, por todos, fuese o no verdad, sería un juego divertido.

Lo primero encontraron en su excursión épica fue llegar al Bosque Susurrante, según marcaban las pistas ocultas del antiguo mapa, con valentía se adentraron en el misterioso bosque, donde se enfrentaron pruebas mágicas, ya que ese requisito era imprescindible para poder atravesar ese lugar tan siniestro como atractivo a la vez.

El bosque les iba susurrando lo que debían hacer, después de conseguir atravesar esos árboles milenarios e interminables, que parecían querer atraparlas con sus ramas, a modo de brazos, para jamás pudieran salir de allí, llegaron, al salir de aquel sitio tan siniestro, llegaron al Monte de la Tempestad, y en ese momento, una gran tormenta se formó a su alrededor, pero con la valentía de Valentina, que les iba dando ánimos, la escalaron con muchas dificultades, pero con optimismo de conseguirlo. Al llegar a la cúspide vieron que al otro lado había un valle al que según el mapa debían descender.

Bajaron del monte, y la cosa se puso un poco peor, el mapa se iba borrando, sin ningún sentido, y las letras y los trazos se iban disipando, según iban alejándose de aquella montaña y acercándose a la base,  no conseguían saber por donde seguir, ni por donde iban, pero gracias la lógica de Helena, y siguiendo su instinto y su gran sentido de la orientación volvieron la ruta correcta, y en el mapa poco a poco volvían a aparecer los trazos, y las leyendas.

Así  iban usando sus dones, sin darse cuenta, ni siquiera sabían que era poseedoras de ellos, Con ellos y juntas pudieron enfrentarse a desafíos, en los que pusieron a prueba su ingenio y osadía, juntas vencían todos sus miedos.

Valentina, no dudaba en ningún momento en seguir adelante, y por la ruta marcada en aquel pergamino. Sofía, tuvo que resolver acertijos que les plantearon las criaturas mágicas, que eran una especie de duendes de orejas puntiagudas y zapatos que llevaban cascabeles, para poder seguir en su camino, y con la lógica Helena, no había nada que las detuviese.

Cuando ya estaban muy cansadas y la noche iba llegando, decidieron ir a un río bravo, sus turbulentas agua, pensaron que al la orillas podrían pasar la noche, haciendo un gran fuego.
Sin embargo, sus planes se estropearon, debían atravesarlo, pues al llega a la orilla se encontraron con un lodazal.

Sin embargo, se podía ver que la otra orilla, tenía una agradable playa, y allí podían dormir, pero no sin antes cruzar aquella corriente que era tremendamente peligrosa, una de las más fuertes que existían, y podía arrastrarlas hasta caer por una catarata.

Gracias a Dodó, el loro, que pidió ayuda a unos  los flamencos que por allí pasaron, lograron atravesar sin mojarse ni un pelo, se montaron en las mágnificas aves y volando llegaron a la otra orillas.

Con la ayuda de la exploradora Valentina, no tenían pérdida, pues sabía interpretar los mapas a la perfección, y Sofía y Helena resolvían los inconvenientes, que les iban surgiendo, así poco a poco iban avanzando en su cometido.

Pasados varios días, volvieron a ver una montaña, observaron el mapa y en ese ponía el nombre de la Montaña Murmurante, y protno descubrieron porqu tenía ese nombre, les habló muy bajito y ondicó por donde entrar a ese volcán, que tenía en codiciado tesoro.

Hicieron lo que les murmuró y llegaron a su interior, siguiendo unos rayos que salían del centro, las tres niñas animadas por Valentina, se aventuraron a descender por unas cuerdas que había colocadas en el exterior, alguien las había abandonado en el intento por alguna razón.
En la puerta de la gruta que daba
 paso, había un cartel que decía, que solo los limpios de corazón podrían atravesar, pues si no lo fueran, se convertirían en piedras.
Las niñas al leer aquello, no les importó, y siguieron adelante según tenían previsto, y al entrar a la gruta,
allí en medio, sobre un pedestal de mármol, estaba "la Luminosa", brillante como nunca antes  habían visto nada parecido.

Muy contentas por haber conseguido encontrar su recompensa, la famosa piedra era mágica, por lo que era deseada por todos.

El asunto era saber a quien pertenecía, pues las tres la habían conseguido encontrar, y de repente se dieron cuenta, es que eso no les importaba, que lo que más deseaban era fortalecer los vínculos de amistad entre ellas, y fue el deseo que pidieron a  "La Luminosa" de esa manera serían felices, solo con ese pensamiento, la piedra había hecho ya la magia.

Al tocarla juntas, entendieron que su vínculo había aumentado, su deseo se había cumplido, y ese había sido el verdadero cambio mágico. 

La luz envolvió el bosque que antes era sombrío y la luz volvió a todos los rincones, mientras ellas reían felices; pues ese era el gran regalo, eran felices porque eran amigas.


BukarteZ 1999

jueves, 24 de octubre de 2024

NIMBUS, PRISMA Y CHISPITAS - BukarteZ

 


Había una vez un magnífico Pegaso blanco, que se llamaba Nimbus, en honor a las nubes que surcaba, con sus enormes alas que brillaban como la luna. Su pelaje era suave y reluciente, pero lo que más destacaba eran sus ojos por su mirada inteligente.

Un día, volando por los cielos azules, decidió bajar a un prado verde para descansar y beber agua en un pequeño arroyo que por allí corría, cuando se disponía a beber, escucho unos cascos y al mirar se encontró con un Unicornio de arcoíris, que pastaba tranquilamente en la pradera, su melena resplandecía en todos los colores del horizonte y su cuerno destellaba con un brillo mágico.

El Unicornio arcoíris tenía el nombre de Prisma, porque reflejaba la luz y los colores del mundo a su alrededor, al igual que Nimbus, estaba tratando de llegar al País de la Fantasía.

Nimbus le dijo a Prisma, que Juntos, formarían un dúo brillante para ir en busca de ese país de la Fantasía, pues dos cabezas piensan más que una, por lo que decidieron hacer el viaje juntos, llenando el camino de alegría, magia, y aventura, los dos hicieron buenos amigos rápidamente y decidieron emprender juntos una aventura, para encontrar el País de la Fantasía. Volaron sobre montañas doradas y ríos de cristal hasta llegar a aquel lugar maravilloso lleno de flores cantantes y árboles danzantes.

Cuando llegaron a su destino, aquello les deslumbró, era mejor que lo habían imaginado, cuando descendieron a un prado, se encontraron a un pequeño dragón llamado Chispitass, que estaba llorando, le preguntaron que porque estaba triste, y el pequeño, les dijo que no sabía “vuolar”, ni echar fuero por sus fauces, solo unas pequeñas chispas y un poco de humo.

Los dos amigos le dijeron, que cuando estuvieran ya asentados en el sitio, le enseñarían a “vuolar” como decía él, y le explicarían cómo elevarse entre las nubes mientras reían en su mágica tierra llena de maravillas.

Así fue así como, conocieron a su primer amigo en el nuevo lugar, crearon lazo inquebrantable entre ellos tres, explorando cada rincón del país donde todo era posible.

Mientras investigaban, poco a poco, un manto oscuro, iba como una manta, tapando todo el País de la Fantasía, y Nimbus, Prisma y Chispitas, se pusieron a buscar un sitio para pasar la noches, y de repente escucharon risitas suaves que resonaban entre los árboles brillantes, siguiendo el sonido, encontraron un grupo de hadas danzando en un claro iluminado por luciérnagas, les recibieron muy amigablemente y cuando les dijeron que necesitaban un sitio para pasar la noche, iluminando el camino, les acompañaron a la ciudad de la magia, allí vivían y podían elegir el lugar que deseasen que no estuviese ocupado.

Las hadas eran pequeñas y luminosas, con alas transparentes que destellaban como diamantes al sol; tenían vestidos hechos de pétalos y hojas, y sus ojos reflejaban estrellas; cada una tenía su propia chispa única, y vivían en unas casitas que parecían linternas colgadas de las ramas de los árboles, construidas con pétalos de flores gigantes, y hoja decoradas, que decoraban con cristales mágicos. 

Estas preciosidades,  se dedicaban a cuidar la naturaleza; hacían crecer flores cantoras, guiaban a las abejas para que encontraran las mejores plantas, acompañaban a los colibrís para que libaran en los mejores sitios, y las libélulas fueran a los arroyos con el agua más clara, a las mariposas que bailaran en los prados más verdes, les hizo gracia Chispitas que soñaba con volar alto junto a sus amigos voladores, las hadas le prometieron que ellas también le ayudarían con su polvo mágico, y creando vientos suaves para que él pudiera elevarse; Chispitas se puso muy contento, pues estaba seguro, que volaría.

Así pasaron días llenos de risas, magia e imaginación mientras todos juntos decidieron enseñar a volar a su pequeño dragoncito, que en pocos días había crecido mucho, Nimbus lo subió a su grupa junto, le soltó en el aire, y las haditas volando a su alrededor echaron polvo de hadas y Chispitas voló.  Que feliz estaba.

Todos juntos, se fueron a buscar un lago encantado que no sabían donde estaba, pero que unos gnomos les habían indicado el camino, también les habían dicho que tal vez se enfrentasen a algún desafío, pero juntos eran más fuertes, y lo vencerían.

Mientras volaban sobre bosques dorados, se encontraron con una oscura niebla que cubría el camino, al acercarse, descubrieron que era la bruma que había sobre una ciénaga, que antes había sido un precioso lago, pero que un antiguo hechizo lanzado por una bruja solitaria, lo había echo feo, y esa niebla había atrapado a los habitantes de una pequeña aldea, entre todos determinaron eliminar la bruma, y las hadas usaron su magia para disiparla, y así ayudar a liberar a todos los habitantes, pero no pudieron.

Su magia no funcionaba, la bruja había dejado una trampa, y es que para liberarlos deberían hacer tres retos.

El primero, era atravesar el Puente de las Ilusiones sin dejarse engañar, para luego resolver la adivinanza de un sabio búho guardián, y finalmente encontrar la flor mágica, que se llamaba “Flor de Luna” y que florecía e solo bajo la luz de la luna llena.

Y al terminar todos los retos, los habitantes volverían a sus casas, y el lago que buscaban, que ahora era una ciénaga, volvería a ser un hermoso estanque, lleno de peces, cisnes, patos y demás criaturas.

Nimbus, usó su agilidad para cruzar el puente, Prisma resolvió la adivinanza que le propuso el buho, las hadas junto a Chispitas; buscaron y encontraron la flor de luna, que deshacía los hechizos.

Esta Flor llena de magia, era una planta delicada con pétalos plateados que reflejaban la luz de manera hipnótica, creando un brillo suave en la oscuridad,  y emanaba una fragancia dulce y envolvente, esa era la flor que tenía el poder de romper encantamientos, sí alguien lo pedía con sinceridad desde el corazón. Además, sus raíces estaban conectadas a la energía del País de la Fantasía, manteniendo equilibrado todo su ecosistema mágico.

La flor de luna, tenía el resplandor plateado más brillante que jamás habían visto, todos juntos para ser más fuertes pidieron el deseo desde lo más profundo de su corazón.

Desearon que todos los seres atrapados por un sueño profundo, se despertaran, ese fue un momento donde su valentía e intención pura, sus pensamientos brillaron intensamente, incluso más que las propias estrellas, todos volvieron a su estado natural, como si el tiempo no hubiese pasado, ni nada hubiera ocurrido.

Las propiedades mágicas eran únicas, y como un resorte se pusieron en marcha, cuando la tocaron todos a la vez, con el mismo pensamiento. 

Su luz emitió unas ondas de energía mágicas que rompieron el encantamiento, Las partículas brillantes generadas por la flor envolvían a quienes estaban atrapados en sueño profundo, despertándolos lentamente mientras los conjuros se disipaban.

La bruma de la ciénaga desaparició y de la oscuridad paso a la luz, apareciendo un maravilloso lago de aguas azules  transparentes, llena de peces de colores, cisnes, patos, gansos y todos los seres que en esas aguas vivían.

Los habitantes volvieron a sus casas y el maravilloso lago volvió a tener la vida que siempre había tenido, y la bruma se disipó para siempre.

Las haditas, volvieron a su aldea, y los tres amigos, volaron a correr nuevas aventuras.

BukarteZ - 2003

miércoles, 23 de octubre de 2024

EL DUENDE Y LAS Estrellas (1.997) - BukarteZ

 



Me imagino que a más de un niño o niña, nos hubiera gustado o nos gustaría tener un amigo duendecillo con el que poder jugar.

Nuestro duende se llama Gota de Agua, tiene unos ojos muy grandes de color azul, con una mirada traviesa, y los pelos de color amarillo, que cuando les da el sol reflejan como si fueran de oro, siempre va vestido de rojo y como suele ir dando brincos el cascabel que tiene dorado al final de su capucha suena cada vez que baila o salta, es fácil saber por donde anda.

Gota de Agua es un gran dormilón y se pasa media vida soñando, ya sea dormido o despierto, por lo que no se sabe sí esto fue un sueño o realidad, el caso, es que contó, que había subido en una nube, y voló tan alto tan alto, que se salió al espacio, y desde allí pudo ver la tierra, con sus bosques llenos de animalillos, que tenían grandes árboles, y muchas praderas de color verde con miles de flores de todos los colores, con riachuelos y en ocasiones niños y niñas que corrían detrás de preciosas mariposas.

Sin embargo, no todo era verde, también había zonas de color marrón, con grandes ríos, cataratas y animales muy grandes como los elefantes o los hipopótamos.

En su viaje al espacio, aterrizó en un planeta en los que habitaban otros duendecillos, como él y que conocían como era el planeta tierra desde fuera, pues nunca lo habían visitado, Gota e Agua les contó como era en realidad la vida allí, lo que no sabía, es que esos duendecillos tenían un trabajo, muy importante, que era encender las estrellas por la noche, a Gota e Agua le entusiasmó que le invitaran a encender con ellos y le regalaron una pértiga que al final tenía un candil para poder llegar hasta las más lejanas.

Pasado un tiempo, Gota de Agua tuvo que regresar a la tierra, y esperó hasta que llegó otra gran nube, que parecía de algodón para llevarle de vuelta a casa, pero estando en la tierra, Gota e Agua empezó a sentirse triste, dejando de brincar y cantar por los pasillos del palacio. Ya no sonaba su cascabel dorado, no se oía su risa ni su canto, como hacía en otros tiempos, había conocido algo que era mucho mejor y además allí estaban sus hermanos, por lo que se sentía abatido.

Pasaba las noches sentado en el tejado el palacio mirando al cielo, pensando como en ese momento, sus amigos duendecillos, estaban enciendo las estrellas que se veían desde la tierra, y las lagrimas le caían por sus mejillas sonrosadas.

Los niños y niñas del palacio, que le encontraban por ninguna parte, y como no podían jugar con él, empezaron a buscarle, muy preocupados por saber que le había pasado, una noche que andaban merodeando por los jardines, vieron una pequeña silueta sentada en el tejado, salieron corriendo para subir y ver quien era, se pusieron muy contentos cuando se encontraron con su pequeño amigo, pero esa felicidad se volvió tristeza, cuando Gota de Agua les contó porque se sentía infeliz.

Como no querían verle triste, decidieron ayudarle para que volviese a ser un duendecillo alegre y vivaz, para que jugase con ellos, y después de pensar y darle muchas vueltas, decidieron que era mejor que volviese al planeta de los duendes, aunque dejasen de jugar con él, para lo que se pusieron manos a la obra, yendo a visitar al Rey de los Vientos, para contarle su problema que como eran tan poderoso podría ayudar al duendecillo.

El rey, escucho su relato y mandó llamar a su súbdito Gota de Agua, para que le contara sus anhelos, decidiendo ayudarle, para ello hizo llamar a una gran nube blanca como de algodón, y le dijo sube, que soplaré muy fuerte para satisfacer tus deseos volveré a enviarte a tu planeta, para que vuelvas con tus hermanos a encender las estrellas.

En ese momento, Gota de Agua, tuvo una mezcla de emociones, tristeza por no poder volver jugar con sus amigos del palacio, y por otro lado una gran alegría por poder volver a encender las estrellas, sin embargo, el rey que era muy bueno, le dijo, no te preocupes, cuando te sientas triste, puedes llamarme y volveré a enviarte una nube para que puedas volver a la tierra.

Gota de Agua se subió a la nube y poco a poco según iba subiendo, veía como todo se iba haciendo cada vez más pequeño hasta desaparecer, cuando llegó al planeta de los enciende estrellas, cuando llegó sus hermanos le hicieron una gran fiesta de bienvenida, estuvo viviendo una larga temporada allí, pero echaba de menos a sus viejos amigos de la tierra, entonces, visito al Rey del Viento, para ver como podía solucionar el asunto, y no era plan, tener al rey todo el día como si fuera un transportista, por lo que le dio una solución, que le pareció interesante.

Le iba a regalar una gran nube muy blanca y muy cómoda, para que se instalase en ella, situándola entre el planeta de los duendes y la tierra, desde donde podría ver los dos sitios y además regresar en ese algodón palacio, cada vez que lo deseara, o volver con sus amigos al planeta de los duendes, cada vez que quisiera.

Se subió a esa nube y según se iba a cercando a la tierra, Gota de Agua, no cabía de gozo, y batía sus manos, aplaudiendo, porque veía cada vez más grandes, los árboles, las montañas, los ríos, y poco a poco sus ojos aumentaban de tamaño al contemplar nuevamente esa maravilla de alfrombras verdes cubiertas de flores de colores, donde volvería a perseguir mariposas, cuando por fin la nube le dejó en el suelo se tumbó en la hierba para oler su fragancia y perderse entre sus flores.

Nuevamente jugó, saltó y brinco con los niños y las niñas, hasta que pasadas su vacaciones, con su nube mágica volvió a su planeta para encender las estrellas.

A partir de ese momento pudiendo hacer escapadas entre la tierra y el espacio, nunca más volvió a estar triste y su cascabel jamás dejó de tintinear.


BukarteZ 1997

EL ZORRO ENAMORADO DE LA LUNA –BukarteZ

 


Listo era un animal esbelto y ágil, con un pelaje anaranjado brillante que resplandecía bajo la luz de la luna. Sus ojos eran astutos y curiosos, llenos de una chispa vivaz que mostraba su inteligencia y su espíritu aventurero. Su cola espesa siempre se movía sutilmente, como si marcara el ritmo del viento.

Vivía en un hermoso bosque, cerca de un gran lago por donde merodeaba cada noche, cuando el sol se ocultaba y la oscuridad cubría su hogar, Listo paseaba junto al lago que era a la vez sereno y majestuosamente hermoso.

Sus aguas reflejaban el cielo estrellado junto con las suaves olas causadas por la brisa nocturna. Alrededor del lago crecían frondosos árboles que susurraban secretos al viento, creando un ambiente mágico repleto de misterio y tranquilidad, donde se reflejaba la luna brillante como si fuera una joya en medio del agua, en noches claras.

la superficie del agua brillaba como un espejo plateado, capturando cada destello de la luna, embrujando a todos aquellos que lo miraban.

Listo había comenzado a enamorarse de ese resplandor plateado, sintiendo su luz acariciar su pelaje anaranjado, la luna parecía entenderlo, moviéndose suavemente, con el vaivén de cada ola del lago mientras él la miraba embelesado, que bonita estaba, cuando se bañaba.

Una noche fresca y agradable, el zorro al contemplar esa visión deslumbrante, quedó mudo, cuando estaba mirando el reflejo de la luna, y desapareció a medias o aparecía entera, pero , de repente, miró arriba, y no estaba allá en lo alto, Listo se preguntaba, sí estaría ahogada, el no se había dado cuenta que una nube gris, la tapaba, y cuando el viento la  movía movida, la luna poro a poco desaparecía, y volvía a aparecer, pero una de las veces no volvió.

Desesperado por salvarla de aquel manto gris oscuro que había cubierto el lago, el valiente zorro decidió hacer algo audaz, y se tiró agua, mientras que con el chapoteo el agua del lago, a veces se le veía, y otras no, pero el estaba dispuesto a salvar a su amada luz lunar.

Notó cómo el reflejo desaparecía lentamente tras las ondas formadas por sus movimientos, la busco y llamaba a gritos; pero pronto se dio cuenta de que ya no podía encontrarla, pensando lo peor, creyendo que ella se había quedado atrapada para siempre bajo las aguas profundas.

Listo dejó de nadar y empezó a hundirse lentamente entre los murmullos del silencio nocturno, quería ser tragado por esa sombra negra, sin embargo, antes de perder toda esperanza, el zorro cerró los ojos, y flotando subió a la superficie, cuando abrió nuevamente los párpados, mirando al cielo, vio la luz sobre sí mismo, era un brillo radiante, provenía de la luna, que iluminaba todo a su alrededor, y se preguntaba, como se había salvado y subido otra vez, allá arriba.

Bukartez 2008

martes, 22 de octubre de 2024

SIMÓN EL CAMALEÓN - BukarteZ

En la selva amazónica, cerca del río Amazonas, había un lugar, donde vivían todas las iguanas, de todos los tamaños, entre sus grandes árboles, que no dejaban pasar el sol a la tierra, de los frondosos que eran, allí arriba solo se oía el rumor del agua y el murmullo del viento entre sus hojas, los gigantes árboles tenían una bruma en lo alto de las copas, a modo de boinas. Los árboles susurraban secretos al aire, entre esas ramas, donde habitaban los curiosos camaleones, vivía un camaleón llamado Simón, a diferencia de los demás camaleones, cambiaban su color, según el lugar donde se colocasen, pero el pobre Simón, tenía siempre el mismo tono verde apagado con unas manchitas marrones, que apenas se distinguían.


El pobre camaleón, estaba muy triste porque no podía cambiar su color, y apenas de su rama, los otros camaleones venían a buscarle para jugar, pero no se movía de su rama, solo estiraba su larga lengua para cazar alguna mosca, anhelando tener un vibrante y hermoso color.

Un día llegó a sus oídos, que en una montaña lejana multicolor, vivía el Hada Arcoíris, y una mañana soleada y fresca, decidió emprender su aventura, para ir en busca de ese hada tan famosa, como todas las hadas pueden usar su magia, y hacer cumplir deseos, estaba entusiasmado con poder hacer realidad su sueño, y comenzó su largo viaje.

Tras andar durante días, colgándose con su cola de rama en rama, llegó por unos senderos serpenteantes a un río, en el que había un puente de piedra, con aguas cristalinas donde nadaban peces dorados, y había sapos. Simón le preguntó al sapo Ramón, que si había escuchado hablar del hada Arcoíris, indicándole el camino que debía seguir, y después de varias horas, llegó a las faldas de la montaña multicolor, que ya la venía viendo desde lejos, cuando los rayos del sol la iluminaban.

De repente, un gran gruñido surgió de las entrañas de la montaña, pues allí vivía Drako, el dragón guardián de la montaña, era tan grande como 5 árboles gigantes, que abriendo sus fauces, lanzó una llamarada, le brillaron las escamas, como rayos de sol.

Simón muerto de miedo, se escondió detrás de una roca, de donde salió una salamanquesa, que le advirtió, que no era tan malo como parecía, que solo pretendía asustar a los forasteros, pero si le hablaba con delicadeza y le contaba sus necesidades, Drako le ayudaría en lo que fuera menester.

El dragón con una voz profunda y con un rugido, le preguntó, que quien osaba molestar, el pobre camaleón, temblando de miedo, y con una vocecita apenas se le oía, le dijo, que se llamaba Simón, que tenía un gran problema y necesitaba la ayuda urgente del Hada Arcoíris, y por razón había llegado a la montaña, Drako sorprendido de la valentía del pequeño animal, y su noble corazón, nadie había tenido tanto coraje como como él para llegar hasta allí, pero solo le llevaría a la presencia del hada si lograba resolver tres acertijos antes de ponerse el sol.

El primera adivinanza, era fácil, consistía en saber quien tenía tres patas, cuatro por la mañana, dos por la tarde y tres por la noches, Simón, rápidamente contesto que era el ser humano, y no le hizo falta que pasara ni cinco minutos para responder.

Drako, sorprendido le preguntó la segunda adivinanza, que decía así, blanco es mi color favorito cuando estoy calmando, rojo brillaré si me hacen enfadar, azul cuando busco ayuda, este era un poco más difícil y hasta después de la hora de comer, Simón no pudo contestar, pero le dio la respuesta correcta, le dijo es una vela.

El dragón, estaba impresionado, con lo listo que era aquel bichejo, que además, por su aspecto parecía de su familia, era un saurio, con un gruñido suave, sonrió ligeramente mientras daba vueltas sobre sí mismo, aún receloso de dejar entrar a Simón, veía que no le quedaba otra que permitir la entrada.

Finalmente llegó la tercera y la más difícil, que decía Cuanto más quito más grande se hace. Simón no se daba por vencido, se situó en una roca a tomar el sol de la tarde, le quedaba poco tiempo, pues el sol poco a poco se iba escondiendo, y de repente, miró a la cueva del dragón, y le gritó, la respuesta es un agujero.

El dragón, tuvo que dejarle entrar por la cueva, y al deslizarse llegaron a un cañón que cruzaba toda la montaña, a lo lejos, ya podía ver el castillo, como iba tan lento, Drako, dijo, que se subiera a su lomo, se agacho y extendió unas grandes alas, que salieron volando, haciendo mucho ruido en un segundo, le bajo al suelo en las escaleras, y volvió a su trabajo de guardián.

El Hada Arcoíris le estaba esperando en la gran puerta, era preciosa, de colores brillantes, que casi molestaban a la vista como sí fueran los rayos del sol, le hizo pasar a una gran sala con un trono dorado y unos asiento alrededor, Simón, le contó sus desdicha y ella sacando su varita mágica le concedió el deseo de ser como el resto de sus congéneres.

Simón, se lo agradeció mucho, y sintió una felicidad que nunca había experimentado antes, cuando volvió a la selva, iba saltando por las flores para ver como iban cambiando sus colores , pasaba de un verde vibrante, al rojo fuego, o amarillo con el oro, o marrón como los troncos de los árbol.

Al llegar a sus árboles, todos se quedaron boquiabiertos por su transformación, y querían saber cómo había conseguido ser tan deslumbrante, muy contento se sentaron todos a escuchar su aventura y compartió sus experiencias sobre el dragón Drako y el Hada Arcoíris.

BukarteZ - 1998